Para la mayoría de los conductores de la locomoción colectiva que opera en la intercomuna Chillán-Chillán Viejo, si una persona de la tercera edad les dice que se quedó sin plata para recargar la tarjeta del pago electrónico de boletos, “les decimos que suban, no más”.

Cuando ven a estudiantes de 12, 13 ó 16 años esperando tarde una micro, y tampoco tienen carga en la tarjeta, “les decimos que suban no más. Si nosotros también tenemos hijos”. Y si los llegan a fiscalizar los inspectores de la Seremi de Transportes, “les decimos que los llevamos porque son personas y no tenían plata. ¿O usted dejaría a una abuelita de 70 años abajo?

Pero también hay de los otros casos. De esos terribles e intimidantes. Adultos, a veces en grupo, que suben y les lanzan dos o tres monedas al conductor y les dicen “no tengo más”. Y punto. Otros que pagan con tarjetas de estudiantes, pese a rondar los 40 años.

Y otros, como el caso del video viralizado en la semana pasada: un hombre se sube a la micro y le pide al conductor que lo lleve gratis.

Fuente original: La Discusión

Pulso Angelino

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