Cuando Ñuble comenzó oficialmente su vida como región, el 6 de septiembre de 2018, la celebración tuvo algo más profundo que el significado administrativo de una nueva división territorial. Detrás de la instalación de intendencias, gobernaciones y secretarías regionales ministeriales había una historia que se había construido durante años y cuyo principal protagonista no había sido una autoridad ni un partido político, sino la propia comunidad.

El nacimiento de la Región de Ñuble aparecía así como el desenlace de una larga aspiración colectiva. En el especial publicado por La Discusión con motivo de la puesta en marcha de la nueva región, una de las definiciones sintetizaba ese espíritu: Ñuble era una región nacida desde su gente y capaz de unificar al mundo político en torno a una causa.

El proceso fue una experiencia en que una demanda surgida desde organizaciones y habitantes del territorio consiguió instalarse en la agenda pública, mantenerse durante años y, finalmente, transformarse en una decisión de Estado. La historia sitúa uno de sus hitos fundamentales en 1997. Fue entonces cuando un grupo de ciudadanos planteó la idea de separar a Ñuble de la Región del Biobío.

Fuente original: La Discusión

Pulso Angelino

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