Hoy domingo 6 de septiembre, Ñuble cumple ocho años como región. El aniversario encuentra a la institucionalidad regional consolidada, pero también frente a una paradoja: mientras las autoridades reivindican avances en infraestructura, servicios y capacidad de decisión, persisten indicadores que mantienen al territorio entre los más rezagados del país.
En ese escenario, el gobernador regional, Óscar Crisóstomo, realiza un balance que combina defensa de lo construido con críticas al centralismo y al Gobierno central.
También aborda el desempleo, la crisis de la remolacha, los grandes proyectos que siguen pendientes y la convivencia política con un delegado presidencial de signo distinto. -Ocho años después de la separación del Biobío, ¿la promesa de que ser región permitiría romper con décadas de rezago se cumplió o sigue siendo, en parte, una promesa pendiente? -Ñuble luchó porque era necesario ser región y no fue una ilusión; hoy lo vemos con hechos palpables, por ejemplo, cuando observamos disminución en la pobreza donde cerca de 50.000 personas dejaron esa situación.
También hay áreas estratégicas que están avanzando como la generación de energía, transmisión eléctrica, pavimentación de caminos. En seguridad hídrica, estamos construyendo un embalse, y también
Fuente original: La Discusión
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