La decisión del Gobierno Regional de Ñuble de destinar recursos para actualizar el Plan Maestro del Sistema de Transporte Urbano de Chillán y Chillán Viejo es una buena noticia, pero también debiera ser una oportunidad para extraer una lección que la conurbación lleva demasiado tiempo postergando: planificar es indispensable, pero ejecutar lo planificado lo es todavía más. El actual instrumento data de 2012.

Han pasado 14 años, durante los cuales Chillán y Chillán Viejo han cambiado profundamente. Ha aumentado el parque automotor, la ciudad se ha extendido hacia sectores periféricos, han aparecido nuevos polos habitacionales y de servicios, y los patrones de desplazamiento de las personas son muy distintos a los de comienzos de la década pasada. Incluso la pandemia modificó hábitos de movilidad que difícilmente volverán a ser los mismos.

Por eso es necesario revisar un instrumento que, por definición, debe anticiparse a las transformaciones de la ciudad y no limitarse a describir una realidad que ya quedó atrás. La incorporación de transporte público, ciclovías, movilidad activa, nuevas tecnologías y criterios de sustentabilidad es indispensable para que la planificación responda a la ciudad que Chillán y Chillán Viejo es

Fuente original: La Discusión

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