Las listas de espera quirúrgicas son uno de los mayores desafíos de la salud pública. Detrás de cada registro hay una persona cuya condición puede mantenerse estable o empeorar con el tiempo, y una familia que comparte esa incertidumbre. En las listas no GES, el problema se agudiza.

A diferencia de las prestaciones GES, estas cirugías no cuentan con plazos garantizados, mientras la oferta asistencial es limitada frente a una demanda creciente. Esto plantea una pregunta difícil de responder: ¿Debe atenderse primero a quien lleva más tiempo esperando o a quien corre mayor riesgo?

Decidir a quién operar exige considerar la disponibilidad de pabellones, personal, insumos y camas, junto con el riesgo clínico, la vulnerabilidad y el tiempo de espera. Por lo tanto, la priorización no es solo un problema en la eficiencia de los recursos disponibles, también es una decisión de equidad que exige criterios humanos y sociales claros y transparentes.

Frente a ello, el alcance de la academia no debe quedar limitado solo a la descripción de los problemas, también debe ser parte activa en la construcción de alternativas junto a quienes los enfrentan. Desde la Universidad Católica

Fuente original: Diario Talca

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