Cada 16 de octubre, Chile agradece a sus profesores. Hay flores, discursos y palabras emocionadas. Pero cuando termina la ceremonia, queda una pregunta que incomoda: ¿cómo exigimos que transformen la educación si seguimos postergando las condiciones que necesitan para hacerlo? La sociedad cambió de piel.
La inteligencia artificial responde en segundos; la información circula sin descanso; niños, niñas y jóvenes llegan a las aulas con nuevas inquietudes y desafíos emocionales. Sin embargo, aún confundimos enseñar con entregar contenidos y aprender con memorizar respuestas. No podemos educar para el mañana con las certezas pedagógicas del ayer. La evidencia obliga a mirar más allá de los homenajes.
Según la OCDE (2025), apenas el 17 % de los docentes chilenos de secundaria inferior encuestados siente que su profesión es valorada por la sociedad, mientras el 27 % declara experimentar mucho estrés laboral. Y el 57 % identifica el exceso de trabajo administrativo como fuente de estrés. ¿Cuánto espacio queda para imaginar mejores clases cuando el tiempo se consume entre formularios y urgencias?
No se trata de convertir al profesorado en víctima ni de absolverlo de toda responsabilidad. Enseñar hoy exige renovar nuestra identidad
Fuente original: Alerta Noticias Temuco
Información local, cercana y útil para nuestra comunidad.




