Suelos duros, agrietados y cada vez menos productivos. Desde Vermis explican cómo la dependencia histórica a la fertilización química tradicional está intoxicando las tierras de cultivo y amenazando la producción. Para lograr cosechas más abundantes, la agricultura mundial adoptó un modelo basado en la fertilización química intensiva, pero el costo ambiental está pasando la cuenta.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que la salinización inducida por el ser humano ya afecta a más del 20% de las tierras de regadío a nivel mundial. En Chile, dicho fenómeno está provocando lo que los expertos denominan una «alergia» o intoxicación del suelo. Los fertilizantes sintéticos tradicionales están compuestos en gran medida por sales.

Al aplicarse año tras año sin reponer materia orgánica, los residuos salinos se acumulan, generando una costra que impide la penetración del agua, asfixia las raíces y aniquila la microbiología del suelo. Christian Velásquez, gerente general de Vermis, explica que «usar exclusivamente fertilizantes químicos tradicionales es como darle comida rápida a la tierra. Te da un salto de energía inmediato, pero a la larga enferma al organismo.

La acumulación de sales

Fuente original: Portal AgroChile

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